miércoles, 1 de mayo de 2013

Feliz día internacional del trabajador

JUSTO HOMENAJE A LOS MÁRTIRES DE CHICAGO USA.
Hoy rendimos justo homenaje conmemorando a quienes nos precedieron en jornadas históricas de lucha por la reinvindicación del trabajador, recordando a los Mártires de Chicago USA, quienes en 1886 —hace 127 años—, se inmolaron al consumarse un horrendo crimen judicial que los condenaba a la horca por sus ideas políticas en favor de los derechos laborales. Su sacrificio ha hecho posible en el mundo y en nuestro país el respeto y la defensa de la dignidad  de la persona humana por el trabajo, que lo dignifica y engrandece.

http://circuloagustino.blogspot.com/2009/05/dia-del-trabajo-martires-de-chicago.html
http://circuloagustino.blogspot.com/2012/05/el-trabajo-dignifica-la-persona-dia.html

sábado, 13 de abril de 2013

Fe razonada: la fe sin razón no es fe


Benedicto XVI y Juan Pablo II, cara y sello de una misma moneda
Juan Gossaín*

                                                           “La fe sin razón no es fe.”
Sn. Agustín (430)


Gossaín explora sus vidas con el profesor Guillermo Escobar, colombiano que los conoció a los dos.
 Han corrido ríos de tinta, cataratas de palabras y océanos de imágenes desde el día en que el papa Benedicto anunció su retiro. 
La prensa y las redes sociales del mundo entero coinciden al afirmar que la curia vaticana y la burocracia eclesiástica le hicieron la vida imposible.


Fue entonces cuando me hice las primeras preguntas: ¿Existe realmente esa confrontación entre el papa y sus compañeros? ¿Por qué empezó? ¿Cuándo empezó? Resolví salir en busca de alguien con la autoridad suficiente para explicármelo. Lo encontré a la vuelta de la esquina.
"El problema se inició hace diez años", me dice de entrada el profesor Guillermo León Escobar, uno de los escasos colombianos que conocieron bien a los dos papas más recientes. 


Por siete años fue embajador de Colombia en la Santa Sede, desde hace quince años es catedrático de ciencia política en la legendaria Universidad Gregoriana de Roma (donde estudian los sacerdotes que habrán de convertirse en obispos) y en los últimos cinco años ha ejercido como consultor del Pontificio Colegio de laicos, por nombramiento que le hizo el propio Benedicto, con quien se reunía una vez al mes hasta cuando presentó su renuncia.

"Hace diez años estaba comenzando el escándalo de pederastia que implicó a numerosos sacerdotes en varios países. Llegaron los primeros requerimientos judiciales. El papa Juan Pablo II dio una orden terminante a sus asesores: 'La Iglesia no entrega a sus hijos a la justicia humana, para que hagan escarnio de ellos', y ordenó, simplemente, que los acusados se trasladaran a otro lugar".

Pasaron apenas dos años. Juan Pablo murió en olor de santidad. El cardenal Joseph Ratzinger, que ejercía como presidente de la Sagrada Congregación de la Fe, nada menos, se convirtió en Benedicto XVI. "A los pocos días de haberse posesionado, les dijo a sus colaboradores: 'La Iglesia está en la obligación moral de entregar los criminales a la justicia'. Usó esa palabra exacta: criminales. Desde entonces han sido arrestados alrededor de cien sacerdotes, dos cardenales y una docena de obispos. Muchos de ellos continúan en la cárcel".

A partir de ese momento, el armazón del poder interno se sublevó contra el papa. "Cómo será de grave la situación que, hace unos cuantos días, después de presentar su renuncia, se reunió en privado con la curia romana. Les dijo: 'Admiro mucho en ustedes la gran capacidad que tienen para denunciar los pecados, siempre y cuando sean pecados ajenos' ".

De manera, pues, que Benedicto se va porque, como él mismo ha dicho, a los 85 años edad ya le faltan fuerzas para semejante tarea. "Pero también se va porque lo agobian las intrigas a su alrededor", comenta el profesor Escobar. "No olvide usted que Ratzinger es alemán: los alemanes son gente solitaria, y el Papa ha padecido siempre la soledad del poder".

Sumadas todas esas razones, Benedicto se convierte en el primer pontífice que renuncia espontánea y voluntariamente en más de dos mil años de historia. En total se han retirado seis papas, pero los cinco casos anteriores ocurrieron por las amenazas de los emperadores de su época o porque había dos papas al mismo tiempo, y uno de ellos tuvo que renunciar.

Vidas paralelas

Ya que los conoció a ambos y trabajó con ellos, los sucesos que está relatando me llevan a preguntarle al profesor Escobar cómo podría hacerse un paralelo entre los dos últimos papas. ¿Qué era en realidad lo que los distanciaba? ¿Había algo que los acercara?

"Eran muy distintos, pero eran cara y sello de una misma moneda. Juan Pablo era un genio de la comunicación, lo que hoy se llamaría un genio mediático, que cautivaba de inmediato a la prensa y las masas. Nadie aceptó nunca un debate público con él porque sabían de antemano que era una causa perdida. Benedicto, en cambio, es negado para la prensa, es un hombre de debate, de profundidades académicas, que discute a diario con medio mundo. 

Juan Pablo era un santo; Benedicto es un intelectual. Por eso, ahora que se va le deja de herencia a la Iglesia, como si él fuera una versión moderna de santo Tomás de Aquino, la nueva Summa Teológica para el tercer milenio".

Cuando llegó al pontificado, Juan Pablo II descubrió de inmediato que la Iglesia católica, como institución, atravesaba por un grave problema de imagen. "Se fue en peregrinación a recorrer el mundo entero. Benedicto, por su parte, comprendió que el asunto principal de su papado era la profundización de la doctrina. Juan Pablo vivía a gusto rodeado de gente. Benedicto era un papa solitario".

Ahora sí entiendo la diferencia: Juan Pablo era un hombre sencillo y elemental, de la estirpe de san Pedro, un humilde pescador de Galilea. Benedicto es un pensador de cultura exquisita, como san Pablo, a quien tanto admira. ("¿Cómo se explica usted", pregunta Escobar, "que un alemán, un alemán, por Dios, pueda hablar el italiano con esa dulzura suya, que se ha vuelto tan famosa? Es la cultura, naturalmente". Tiene razón: los alemanes siempre hablan como si lo estuvieran regañando a uno. Salvo el papa). 

Las dos orillas del Evangelio

En promedio, Guillermo León Escobar permanece ocho meses al año en Roma. Pero en este momento está disfrutando de un año sabático en Colombia, dedicado a ordenar su casa de Bogotá, organizar su biblioteca y visitar a los amigos que había perdido de vista. Por eso puedo conversar con él a pierna suelta. Le pregunto qué tan profundas llegaron a ser aquellas divergencias entre Juan Pablo II y el entonces cardenal Ratzinger.

"Siempre las hubo. Recuerdo lo que pasó una noche en que Ratzinger salía de una reunión con el papa en la casa de campo de Castelgandolfo. Un sacerdote latinoamericano que también estaba allí se lo quedó mirando, perplejo, porque para nosotros cualquier discrepancia es pelea, y le dijo: '¿Usted por aquí, cardenal? ¿Ustedes dos no son enemigos?'. Con la misma voz suave y afectuosa que ha tenido toda la vida, le contestó: 'No, no somos enemigos. Somos las dos orillas de un mismo río, la una frente a la otra. Lo que nos une, ese río que pasa por la mitad de nosotros, es el Evangelio' ".

Eran hombres superiores, qué duda cabe, y por eso los dos sabían que sus criterios dispares no eran excluyentes, sino complementarios. La verdad completa, al fin y al cabo, se construye con pedazos de verdad que aportan los que piensan distinto a uno, no los que piensan igual.

Las alas del mismo pájaro

Lo sabían tan claramente, y se respetaban tanto en medio de sus diferencias de criterio, "que un día Juan Pablo le pidió a Ratzinger que escribieran a cuatro manos la célebre encíclica Fe y razón. Vea usted: el papa escribió la parte de la fe y el cardenal la parte de la razón. Eso define a la perfección lo que era cada uno".

Los desacuerdos entre los dos hombres llegaron a ser tan célebres, que por aquellos mismos días alguien le preguntó a Ratzinger cómo había sido posible que hubiera escrito con Juan Pablo el texto de la encíclica. No volvió a repetir la metáfora de las dos orillas de un mismo río, "pero le respondió con otra belleza. 'Si usted observa un pájaro detenidamente' -le dijo- descubrirá que nunca mueve un ala primero y la otra después, porque podría caerse. Para poder volar mueve las dos alas al mismo tiempo. La Iglesia es el pájaro. Juan Pablo y yo somos sus dos alas. Nos movemos juntos para que siga volando. Él es la fe y yo soy la razón' ".

El profesor Escobar guarda un instante de silencio que no me atrevo a romper. Está luchando con la nostalgia de sus mejores recuerdos. Mira por el balcón a un par de alcatraces que vuelan sobre el mar de Cartagena. Mueven ambas alas al tiempo. Entonces se vuelve hacia mí, y exclama:

"Cuando los conoces a ambos, Juan Pablo te deslumbra el alma y Benedicto te estremece el cerebro".

De Armenia a Alemania

La renuncia de Benedicto XVI sorprendió a Guillermo León Escobar mientras se encontraba en Colombia. No ha podido despedirse de él, pero recuerda vivamente la primera vez que lo vio, hace más o menos cuarenta años. Escobar había salido de su Armenia nativa a estudiar en la universidad alemana de Bonn.

"Lo conozco muchísimo", me dice, con los brazos cruzados y una barba salpicada de canas, "porque en los años 70 nos dictaba de vez en cuando unas conferencias en el enorme auditorio de la universidad. No puedo afirmar que fui su alumno, en el sentido cotidiano de la expresión, porque solo venía en forma esporádica a leernos el original de algún libro que estaba escribiendo. En aquella época no hablé nunca con él. Lo veía de lejos".

El futuro papa había sido profesor titular de la universidad unos años antes de que Escobar llegara de Armenia, "pero tuvo que renunciar acosado por los jóvenes rebeldes que se sumaban a la revolución iniciada en mayo del 68 en París. Debatió abiertamente con Daniel el 'Rojo', líder de los insurrectos, que estudiaba en Francia pero era alemán".

Fue entonces cuando, en los muros de París, los muchachos escribieron aquellos letreros inmortales que Julio Cortázar recogió en un libro estupendo. "Apareció la célebre frase 'Prohibido prohibir' y Ratzinger, educado en la doctrina profunda de la Iglesia, reaccionó de inmediato. Dijo en sus charlas universitarias que el nuevo enemigo de la civilización cristiana occidental ya no era el comunismo marxista, sino el relativismo, que todo lo tolera. Si nada está prohibido, nos comentó un día, entonces el pecado no existe".

Volvió a verlo ya en el Vaticano. Le llevó un libro sobre grandes temas social-cristianos. "Le dije que había asistido a sus conferencias en Bonn, pero ni siquiera me había visto en el auditorio. 'Pero recuerdo perfectamente -me dijo- una conferencia suya que dio apertura al sínodo de obispos romanos'. Me pidió que no me fuera, aunque yo acababa de renunciar a la embajada colombiana, y me propuso que siguiera con mis clases en la Universidad Gregoriana".

Epílogo

Luego, convertido ya en papa, lo nombró consultor del Colegio de Laicos y perito pontificio. Esos tiempos se están volviendo ya polvo del pasado. Son historia. "Él dice que le faltan fuerzas, aunque no está enfermo. Hace diez años le instalaron un marcapasos cardíaco y hace tres lo operaron en absoluto secreto para cambiarle las pilas. Fue entonces cuando empezó a cambiar la lectura de san Pablo, intelectual y escritor, como él, y asumió la de san Pedro, menos racional pero más humano. El papa empezó a preguntarse, como se preguntaba Pedro: '¿Estaré perdiendo las fuerzas? ¿Necesitaré que alguien me ayude a vestir?'. Y llegó a la conclusión de que debía renunciar".

El profesor Escobar recuerda que en el año 2004, cercana ya su muerte y agobiado por las enfermedades, los allegados más íntimos de Juan Pablo II le sugirieron con gran delicadeza que pensara en la misma posibilidad. Alguien, menos discreto, se lo preguntó abiertamente, acariciándole las manos temblorosas: "¿Por qué no renuncia?". Escobar dice que nunca podrá olvidar lo que respondió el Papa, "porque siempre he dicho que la vida es la fe convertida en actos". 

Lo cierto es que Juan Pablo ya casi no podía hablar. Era difícil entender sus palabras. Le costaba trabajo levantar la cabeza desgonzada, pero, aún así, mansamente, aquel hombre que se estaba apagando contestó con un susurro:

-Porque Cristo no se bajó de la cruz...


 NOTA DEL EDITOR
*  Periodista. Artículo publicado en «eltiempo.com» el 19 de Febrero del 2013. Consulta el 13/4/2013.

miércoles, 26 de diciembre de 2012

Derechos Humanos: vida y mercado


SEPARAR EL DERECHO A VIVIR DE LA NECESIDAD DE VENDER
 Howard Richards*

Según el consenso internacional expresado en una serie de tratados solemnemente firmados por los representantes autorizados de casi todos los estados cada ser humano posee una serie de derechos.   Subyace todos ellos el derecho a vivir.

Para poder vivir cada ser humano tiene que satisfacer ciertas necesidades, como las son alimentación, agua, vivienda, servicios de salud…

Desde los albores de la humanidad las diversas culturas siempre han insistido de una forma u otra que el ser humano tiene deberes para con los demás.   Algo debe hacer para servir al prójimo. [1]    Lo más común es que las pautas sociales prescriben que los seres humanos deben de una manera u otra trabajar, y que deben desarrollar sus talentos.  Pero nada dice que el ser humano tenga un deber de vender.  Es más.   No puede existir un deber de vender, porque la venta siempre supone el acuerdo voluntario de un comprador.  Puesto que no sea lícito obligar al comprador a comprar,  no puede ser lícito obligar al vendedor a vender.

En las sociedades mercantiles [2] como las nuestras la gente satisface sus necesidades por comprar lo que necesita con dinero. [3]    Consiguen el dinero por vender lo que tengan para vender.   A menudo lo que tienen para vender es su fuerza de trabajo.

En nuestra jerga individualista la sabiduría convencional reza, “Cada uno debe valer por sí mismo.”  A veces matizamos, “Cada adulto sano debe valer por sí mismo.”

Sobran razones por declarar que semejante jerga individualista dista de la realidad.  Una razón suficiente es lo siguiente.    Aquí “valer” requiere “vender.”  Para “valer” uno tiene que vender algo para conseguir dinero para comprar sus necesidades sin pedir dinero a terceros.   Pero vender no es nunca algo que uno pueda hacer solo por sí mismo.   Supone siempre el concurso de por lo menos una persona más, a saber un comprador.    Supone siempre un comprador quien quiere comprar y quien tenga el dinero suficiente para poder comprar.

Si tomamos en serio el concepto de preferencia por la liquidez de JM Keynes [4] nos damos cuenta que vender no puede ser un deber.  Analizando una sociedad entera como una totalidad,  sumamos todas las ventas y todas las compras.  Las dos sumas tienen que ser iguales, porque lo que es una compra del punto de vista del comprador es una venta del punto de vista del vendedor.

Ahora bien, tanto los individuos como las instituciones corporativas como las son por ejemplo las empresas prefieren en alguna medida la liquidez.   En alguna medida no gastan.  Prefieren tener dinero, antes de tener las cosas que se podrían comprar con el dinero.   Puesto que no gastan, no compran.  Puesto que no compran, hay quienes no venden.

Uno pueda contar cualquier cantidad de anécdotas sobre el éxito económico de determinadas personas, e incluso el éxito de algunas quienes nacieron en condiciones de pobreza.   Sin embargo, sumando sobre la sociedad entera, mientras el éxito depende de la venta, habrá una clase excluida.  Será la clase de quienes no logran vender.

Keynes crítica a los “Candides” de la economía clásica quienes suponen que toda está bien en este mejor de los mundos posibles, siempre y cuando no hagamos nada y deja que los mercados realicen su imaginaria obra milagrosa de identificar para cada vendedor su comprador.   Otros teorizan desde otras disciplinas la inseguridad de la clase Lumpen (Lumpen es una palabra alemana que nombra aquella parte del proletariado que no es siquiera una clase trabajadora porque encuentra trabajo rara vez, en forma precaria, o nunca.)   El historiador Karl Polanyi destacaría que los Lumpen no gozan de los beneficios de un sistema de redistribución como fue típico de los imperios antiguos,  ni tampoco de la reciprocidad entre clanes que fue típica de las tribus antiguas. [5]   El antropólogo Marshall Sahlins contrasta la economía inclusiva de la “edad de piedra” con la economía actual. [6]

Sin teoría alguna podemos ver todos los días en las calles de las grandes urbes del mundo que los vendedores se multiplican y los compradores se escasean.  Por lo menos yo lo veo y me cuesta creer que una persona pueda pasear por muchas calles de muchas ciudades sin verlo también.   A menudo se puede ver a quienes de alguna manera u otra ya se han fugado del sistema mercantil -- mendigos, ladrones, borrachos, drogados, y locos.  Casi siempre se puede ver vendedores todavía luchando para vivir de una forma legal y legítima  quienes se esfuercen cada vez más para encontrar a compradores.  Se puede ver que es común que los compradores ni necesitan ni quieren lo que se les ofrece.  No es tan visible, pero también es cierto que típicamente los compradores tienen presupuestos limitados que no les permiten comprar aunque quieran comprar.    Me refiero aquí tanto a la dificultad de vender muchos de los bienes de lujo ofrecidos a los ricos en tiendas exclusivas como a los esfuerzos punibles de vendedores callejeros para encontrar compradores para sus parches curitas y su  artesanía sencilla.  Sugiero que aún sin leer a Keynes, en las experiencias ordinarias que todos tenemos se puede ver que en este mundo hay demanda insuficiente y demasiada necesidad de vender.

En fin, tanto de la ciencia social como del sentido común, se saca la conclusión que  no vamos a poder nunca atender a las necesidades de todos a través de las prácticas de compra y venta.    Es normal y permanente el hecho que algunos quienes necesitan vender no encuentren a quienes tengan el deseo y el dinero para comprar.

Por lo tanto, para hacer realidad el derecho a vivir es necesario separar el derecho a vivir de la necesidad de vender.

Los derechos humanos suponen e implican el derecho a vivir.   Son universales.   Cada ser humano los tiene por el hecho de haber nacido miembro de nuestra especie.   Quienes no encuentren compradores para sus bienes y servicios también tienen derechos humanos y por eso tienen el derecho a vivir.    Hay que cumplir con ellos.  Es imposible cumplir con ellos en forma sostenida y confiable solamente con instituciones mercantiles.    Hay que cumplir con ellos a través de instituciones no-mercantiles o no solamente mercantiles.

 REFERENCIAS

[1] Con la llegada de la agricultura y con ella de las sociedades divididas en clases los deberes de los hombres de la clase alta llegaron a ser en gran parte más la represión de la clase baja trabajadora que el servicio de ella.   Igual la sociedad funcionaba con un sistema de deberes. 
[2]  Considero que “mercantil” es una categoría más amplia que “capitalista” y que incluye a las sociedades capitalistas como un subconjunto de las sociedades mercantiles.
[3] Una famosa investigación de Amartya Sen demuestra que en las grandes hambrunas del siglo veinte hubo alimentos disponibles.  Los pobres murieron de hambre porque no tenían dinero para comprarlos.  Amartya Sen, Poverty and Famines. Oxford: Clarendon Press, 1982.
[4] Se puede decir que la preferencia por la liquidez es el concepto central que unifica la Teoría General de Keynes.   Dicho de otra manera, el proyecto general del libro es criticar un postulado central de la ciencia económica clásica que se llamaba la Ley de Say.   Según la Ley de Say atribuido al economista francés Jean-Baptiste Say (1767-1832) la oferta crea su propia demanda.  Por lo tanto no puede haber oferta, por ejemplo oferta de mano de obra en el mercado laboral,  sin demanda, en este mismo ejemplo patrones dispuestos a contratar a trabajadores.   La preferencia por la liquidez nos dice que a menudo no hay demanda, porque en vez de comprar la gente retiene su dinero.  El caso de empleo pleno, y en general el caso de un mercado en el cual cada vendedor encuentra su comprador, es un caso especial entre muchos casos posibles –los mas de ellos siendo equilibrios de bajo nivel en el cual terminadas las  transacciones voluntarias entre quienes quieren comprar y quienes quieren vender,  quedan trabajadores cesantes y capacidad productiva sub-utilizada.   Keynes llama su libro Teoría General  porque su libro trata de todos los casos, y no como la teoría clásica solamente de un caso especial determinado que es el caso de pleno empleo  --caso especial que rara vez ocurre y cuando ocurra es pasajero.  John Maynard Keynes, Teoría General de la Ocupación, el Interés y el Dinero.   Buenos Aires: Eudeba, 1997.  (Original ingles 1936)
[5] Ver Karl Polanyi, La Gran Transformación.  México: Fondo de Cultura Económica, 1992; y otras obras del mismo autor.
[6] Marshall Sahlins, Economía de la Edad de Piedra.  Madrid: Akal, 1977.


NOTA DEL EDITOR

* Educador. Artículo publicado en «Foro-Red Paulo Freire-Perú» el 25/12/2012. Consulta el 26/12/2012.

domingo, 23 de diciembre de 2012

miércoles, 12 de diciembre de 2012

SAN AGUSTIN - ANUARIO 1963.pdf


Amigos y condiscípulos agustinianos,
reciban un cordial saludo y por archivo adjunto un grato presente por navidad que hacemos en equipo el Comité Editor «Círculo Agustino» (CECA), en favor de la Promoción 1963 del Colegio San Agustín de Lima.

Un abrazo navideño,

Jean Jesu, Coordinador CECA.


PD: URL
https://docs.google.com/open?id=0B8Qr9I0TSgCSZjgxMzQ2ZmEtNmY4Yi00MTgzLWJlNzYtNGJmNmI2YmYwZmE5

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jueves, 22 de noviembre de 2012

Cincuenta aniversario: Concilio Vaticano II


La recepción del Vaticano II en Brasil y en América Latina. 2012-11-16
Leonardo Boff*

Pero vino una bocanada de aire fresco de la mano un papa anciano del que no se esperaba nada: Juan XXIII (+1963). Él abrió las puertas y las ventanas. Dijo: la Iglesia no puede ser un museo respetable, tiene que ser la casa de todos, aireada y agradable para vivir.
Ante todo, el Concilio representó, en expresión acuñada por el mismo Juan XXIII, un aggionamento, es decir, una actualización y una reconstrucción de la manera de entenderse a sí misma y su  forma de presencia en el mundo.
Más que enumerar los principales elementos introducidos por el Concilio, nos interesa ver cómo ese aggiornamento fue recogido y traducido por la Iglesia latinoamericana y por Brasil. A este proceso se le llama recepción y consiste una relectura y una aplicación de las intuiciones conciliares en el contexto latinoamericano, muy diferente del europeo, en el que se elaboraron todos los documentos. Señalaremos solamente algunos puntos esenciales.  
El primero fue sin duda el gran cambio de la atmósfera eclesial: antes del Concilio predominaba la «gran disciplina», la uniformización romana y el aire sombrío y anticuado de la vida eclesial. Las Iglesias de América Latina, de África y de Asia eran Iglesias-espejo de la romana. Y de pronto empezaron a sentirse Iglesias-fuente. Podían inculturarse y crear lenguajes nuevos. Se irradiaba entusiasmo y ánimo para crear.  
En segundo lugar, en América Latina se dio una redefinición del lugar social de la Iglesia. El Vaticano II fue un Concilio universal, pero según la perspectiva de los países centrales y ricos. Ahí se definió la Iglesia dentro del mundo moderno. Pero existía un sub-mundo de pobreza y de opresión que fue captado por la Iglesia latinoamericana. Ésta debía desplazarse del centro humano hacia las periferias sub-humanas. Si en ellas hay opresión, su misión debía ser de liberación. La inspiración vino de las palabras del Papa Juan XXIII: “la Iglesia es de todos pero quiere ser principalmente Iglesia de los pobres”.
Este cambio se tradujo en las distintas conferencias episcopales latinoamericanas desde Medellín (1968) hasta Aparecida (2007) por la opción solidaria y preferencial por los pobres, contra la pobreza. Opción que se transformó en la marca registrada de la Iglesia latinoamericana y de la teología de la liberación.
En tercer lugar está la concretización de la Iglesia como Pueblo de Dios. El Vaticano II colocó esta categoría por delante de la de la Jerarquía. Para la Iglesia latinoamericana Pueblo de Dios no es una metáfora; la gran mayoría del pueblo es cristiano y católico, por tanto es Pueblo de Dios, gimiendo bajo la opresión como antiguamente en Egipto. De ahí nace la dimensión de liberación que la Iglesia asume oficialmente en todos los documentos desde Medellín (1968) hasta Aparecida (2007). Esta visión de la Iglesia-pueblo-de-Dios hizo posible el surgimiento de las Comunidades Eclesiales de Base y de las pastorales sociales.
En cuarto lugar, el Concilio entendió la Palabra de Dios contenida en la Biblia como el alma de la vida eclesial. Esto se tradujo en la lectura popular de la Biblia y en los miles y miles de círculos bíblicos. En ellos los cristianos comparan la página de la vida con la página de la Biblia y sacan conclusiones prácticas en una línea de comunión, de participación y de liberación.  
En quinto lugar, el Concilio se abrió a los derechos humanos. En América Latina fueron traducidos como derechos a partir de los pobres y por eso, en primer lugar, derecho a la vida, al trabajo, a la salud y a la educación. A partir de aquí se entienden los demás derechos, el de movilidad, entre otros.
En sexto lugar, el Concilio acogió el ecumenismo entre las Iglesias cristianas. En América Latina el ecumenismo no se enfoca tanto a la convergencia en las doctrinas cuanto a la convergencia en las prácticas: todas las Iglesias juntas se empeñan en la liberación de los oprimidos. Es un ecumenismo de misión.
Por último, estableció el diálogo con las religiones viendo en ellas la presencia del Espíritu que llega antes que el misionero, debiendo por eso ser respetadas con sus valores.
Finalmente, hay que reconocer que América Latina fue el continente donde más en serio se tomó el Vaticano II y donde produjo mayores transformaciones, proyectando la Iglesia de los pobres como un desafío para la Iglesia universal y para todas las conciencias humanitarias.

* Filósofo.

viernes, 7 de septiembre de 2012

CUARTO ANIVERSARIO: «Círculo Agustino»

Amigos y condiscípulos agustinianos,
celebramos esta iniciativa grupal iniciando el quinto año de presencia virtual, gracias al empeño en equipo de un pequeño grupo de agustinos con vocación universal (católica) por crear y mantener un sitio en el ciberespacio que acoja amigos y condiscípulos comprometidos en aplicar el pensamiento agustiniano a la vida cotidiana.
Acompañan en equipo al Comité Editor «Círculo Agustino» CECA en este nuevo período: Jorge Llontop de la Promoción 1961 SA, Luis Rosado, Eduardo Alvizuri, Jorge Atkins, Carlos Arrieta y Jean Doig de la Promoción 1964 SA.  

Saludos, Jean Jesu, Coordinador de Grupo.

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«agustino, siempre agustino»
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